Se dice que solo tenemos siete segundos para causar una buena primera impresión. Sabemos que en ese breve espacio de tiempo vamos a ser juzgados por la otra persona y viceversa.  Sin embargo, no somos conscientes de que incluso antes de encontrarnos con la mirada del otro, ya hemos comenzado a formarnos un juicio sobre sus cualidades personales.

En las páginas de contactos online, la persona tiene la completa libertad de describirse a sí mismo de la manera que desee. Quizá no pueda manipular su aspecto físico (aunque los hay que lo intentan) pero si puede adaptar la forma de presentar su personalidad y sus habilidades de acuerdo al efecto que pretende provocar en los demás usuarios.

Teniendo en cuenta esta completa libertad, el primer paso es presentar las propias cualidades personales de acuerdo a lo que pensamos que más le va a gustar a la otra persona. ¿Prefieres parecer alguien accesible en el que el otro pueda apoyarse cuando necesite ayuda?  ¿Crees que le atraerá una persona inteligente? ¿Alguien con sentido del humor?

La primera impresión no es una vía de un solo sentido. Las personas nos formamos impresiones dependiendo de las cualidades que nosotros mismos poseemos, así que la forma en la que nos presentamos también tiene mucho que ver con la forma de interpretar la personalidad de los demás y viceversa, el otro se sentirá atraído o no por nosotros dependiendo de sus propias cualidades personales, así que la observación es mutua.

La decisión sobre qué cualidades destacar, entonces, debe ser consciente desde el primer momento. Por ejemplo,  si queremos ser contratados en un determinado trabajo, adaptaremos nuestra presentación al perfil que la empresa exige para cubrir el puesto y en intentaremos potenciar nuestras cualidades (mentalidad de promoción). Por el contrario, si nos dedicamos a la política, quizá debamos rebajar nuestras aptitudes al nivel de nuestros potenciales votante (mentalidad de agrado).

Algo similar ocurre cuando buscamos citas online. En nuestro perfil personal potenciaremos aquellas cualidades que creamos más atractivas para el tipo de persona con la que queremos contactar: prestigio laboral, nivel de estudios, y si carecemos de esto último, lo compensaremos con nuestra maravillosa personalidad.

Por lo general pensamos que el proceso de agradar a alguien necesita un prolongado periodo de tiempo pero realmente no es así. Si se trata de congraciarse con una persona de la que deseamos una evaluación positiva (ya sea en el trabajo o en una relación sentimental) tenemos que estar preparados para llevar a cabo una serie de tácticas encaminadas a agradar al otro, dejando de lado nuestras necesidades para satisfacer las suyas.

Teniendo en cuenta las diferencias de estatus social y cultural, cuando queramos causar la mejor impresión, intentaremos igualarnos a las características del otro, mediante un proceso de agrado (cuando nuestro estatus sea superior) o mediante un proceso de promoción (cuando sea inferior). Como vemos, la valoración del estatus social y cultural de nuestro interlocutor también es muy importante a la hora de causarle una buena impresión.

La impresión que causamos en los demás es crucial para nuestra realización social. La forma en la que la llevemos a cabo puede ser un ingrediente clave para conseguir el éxito social.

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