La mayoría de nosotros tenemos metas, ya sean grandes (“terminar mi carrera”, “conseguir un trabajo”) o pequeñas (“arreglar mi armario”). Pero en ocasiones hay algo que nos impide cumplir con nuestros objetivos y no sabemos lo que es. ¿Por qué logramos alcanzar con éxito algunos de nuestros objetivos mientras que otros permanecen en nuestra lista de tareas pendientes, por un tiempo indefinido?

Es cierto que hay que establecer objetivos plausibles, pero aunque tengamos los objetivos más funcionales, bien establecidos y realistas del mundo, podemos sabotearnos nosotros mismos y evitar su consecución.

Continuamente en consulta veo los mismos comportamientos de autosabotaje que impiden a mis clientes tomar decisiones que les ayuden a alcanzar sus metas y llegar a dónde les gustaría estar. Pueden saber exactamente lo que quieren y estar más o menos seguros de los pasos que deben realizar para conseguirlo, pero por algún motivo que desconocen se ven atrapados en una rutina de sabotaje. ¿Te ocurre a ti lo mismo?

1) Quedarnos en lo que pudo ser y no fue.

Todos tenemos remordimientos, ya se trate de algo que hicimos (“Si no hubiese abandonado la universidad”), o algo que no hicimos (“Si hubiese puesto más de mi parte en la relación “). A veces jugamos el juego “si hubiese” refiriéndonos a cosas que nada tienen que ver sobre el hecho en cuestión pero a las que responsabilizamos de nuestra situación actual: si hubiera crecido en otra familia, si tuviese más talento…

Este tipo de pensamiento puede perseguirnos meses e incluso años. El problema es que no conducen a nada positivo, es más, nos bloquean de cara a ponernos en acción. El recurrir continuamente a ese tipo de pensamientos nos mantiene en un punto muerto, como un coche en ralentí. Después de todo, el pasado no se puede cambiar ¿verdad? Quedarnos anclados en el pasado solo puede llevarnos a una gran frustración, que bloquea nuestra inspiración y nuestra capacidad de resolver problemas. Lo peor de todo es que si nos mantenemos en el mismo patrón de conducta, seguiremos rumiando lo que pudo ser y no fue durante 10 o 20 años más.

Ahora tratemos de convertir un “si hubiese” por algo totalmente diferente: “si hubiese terminado mi carrera” por “voy a ir a la facultad para ver cómo puedo terminar mi carrera”, es decir, “X fue de esta manera, ahora voy a ver cómo puedo hacer que Y sea de esta otra”, no podemos cambiar el pasado pero si influir en nuestro futuro. Nuestra experiencia anterior nos sirve siempre de aprendizaje para cambiar las cosas.

2) Temer nuestros propios pensamientos.

Una de las maneras más fáciles de conseguir que un pensamiento tenga poder sobre nosotros es intentar negarlo.  A veces los queremos suprimir porque nos da miedo (“Esta es la tercera discusión con mi novia esta semana, ¿y si no deberíamos casarnos?”)  o porque nos sentimos culpables de tenerlos ( “Mi compañero de trabajo no está colaborando en el proyecto como debería, pero es un buen amigo, así que no debo decirle nada”).

Cuando aparece un pensamiento en nuestra cabeza, no siempre somos capaces de procesarlo, para entenderlo, sentirlo y finalmente decirnos a nosotros mismos que no tiene sentido. Simplemente nos asusta y le damos demasiada importancia. Esta es una de las características de las personas obsesivas, luchar para eliminar pensamientos que les angustian y no poder conseguirlo. Es una batalla que les impide avanzar.

Trata de no pensar en un elefante rosa…. Ya lo tienes en la cabeza, ¿verdad? Cuanto más luchamos contra nuestros propios pensamientos más nos negamos la oportunidad de elaborarlos y crecer a través de ellos, y así se mantiene este patrón negativo. Trata de reconocerlos y haz hincapié en que no son más que eso, pensamientos, y etiquétalos como tales: “estoy teniendo la idea de que es mejor que mi novia y yo no nos comprometamos, pero lo pienso porque estoy estresado por la boda y esto me hace discutir más”

 3) El enmascarar los sentimientos.

 A veces, al intentar evitar un pensamiento molesto, lo que en realidad estamos haciendo es tratar de enmascarar sentimientos que consideramos inaceptables. Permitirnos sentir emociones no implica descargarlas sobre el mundo en general, aceptar que estamos enfadados no significa ponerse a gritar insultando a todo el que pase por delante, sin embargo, si somos conscientes de nuestra propia ira podemos trabajar sobre ella y aprender de la situación.

Pero cuando se enmascaran los sentimientos o las emociones, cada vez se hacen más grandes y son más difíciles de controlar, corroyéndonos por dentro. Las emociones no desaparecen por si solas, al contrario, al negarlas lo que estamos haciendo es mantenerlas, como si una olla a presión se tratase, hasta que explotan. Si las mostramos poco a poco, se irán diluyendo hasta que desaparezcan.

4) Dejar las cosas para mañana.

Te sientes completamente frustrado porque son las 3 de la tarde y el trabajo no te ha cundido nada. Así que bueno, ya por la tarde no vas a ser capaz de terminar todas las tareas que tienes pendientes… en fin, ya lo harás mañana. Esto es lo que se denomina procrastinación, dejar para mañana lo que se puede hacer hoy. Pero al final, el “mañana” nunca llega, porque el mañana se convierte en hoy y volvemos a dejar las cosas sin hacer. El mañana es un objetivo en constante movimiento s cambios que desea hacer, y por definición, son siempre más allá de su alcance, porque mañana es un objetivo en constante movimiento.

Si eres de los que debe utilizar un “borrón y cuenta nueva” para motivarse, no tiene que ser mañana. ¿Por qué no en una hora? ¿O quince minutos? Esto va a ayudarte a detener la oleada del todo-o-nada, y a darte cuenta de que no tienes por qué desperdiciar el resto del día lo que estaba alejándote cada vez más de tus objetivos.

Puedes hacer una breve mediación, ejercicios de respiración, tener una rápida charla con un amigo… pero después ¡ponte manos a la obra!

5) Dejar que los hábitos te hagan daño.

La inercia que provoca un hábito es fantástica, cuando lo que hace es ayudarte a conseguir tus objetivos. Si tienes un hábito saludable y lo mantienes durante varias semanas se habrá convertido en una buena línea a seguir (subir las escaleras en vez de utilizar el ascensor, ordenar los mensajes de correo según van llegando, hablar con tu pareja de tus sentimientos en lugar de tragártelos hasta explotar).

Sin embargo, con demasiada frecuencia los hábitos negativos también provocan esa inercia que hace que nos sintamos improductivos y ciertamente miserables. Esta es la razón por la que el borrón y cuenta nueva de la que hablábamos anteriormente puede ser tan poderoso.  Todos anhelamos  ser capaces de liberarnos de las cosas que nos contaminan, que nos impiden avanzar (saltarnos la dieta, una relación conflictiva, desmotivación en el trabajo). Queremos empezar de nuevo porque esto es mucho más atractivo como opción.

Al igual que en el mundo físico, permanecemos en movimiento por la fuerza de la inercia, en cuestión de hábitos somos los únicos que podemos utilizar esa fuerza para conseguir nuestros objetivos. No vale con tener buenos propósitos al comenzar en año. Necesitamos convertir esos propósitos en hábitos que afiancemos para provocar una inercia positiva que provoque un cambio de comportamiento a largo plazo. Se dice que solo se necesitan 21 días para convertir una acción en un hábito, como también eliminar un hábito nocivo. Pero no necesitamos un nuevo año para comenzar a cambiar, ni siquiera que sea mañana. Podemos comenzar hoy.

2 comentarios en “5 FORMAS DE SABOTEARNOS

  1. Ser los hombres del mañana es una de las situaciones que se presentan constantemente, claro está que también sirve para reflexionar sobre el tema.

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